El Final de la Era de la Iglesia, ... y Después

 

Capítulo 14

 

¿Por qué la conmoción a la congregación?

 

    ¿Por qué tantos pastores y miembros de iglesia son tan reacios a considerar la idea de que la era de la iglesia ha llegado a su final? Sabemos que las iglesias que salieron de la Reforma, tales como la Reformada, Luterana, y Presbiteriana, sostienen la enseñanza Católica Romana de que las iglesias continuarán hasta que Cristo regrese. Por otro lado, las iglesias más Arminianas en su naturaleza no tienen una herencia de la iglesia Católica Romana pero ellas tienen que enfrentar este problema.
    Hay por lo menos cuatro versículos que contribuyen grandemente a este problema. Estos cuatro versículos han sido interpretados por una gran cantidad de iglesias de tal manera que los pastores y por consiguiente las congregaciones locales, quizás sin tan siquiera darse cuenta, han tomado sobre sí mismos una autoridad espiritual enorme. Es una autoridad de tal consecuencia que es casi igual a la autoridad de Dios mismo. Examinaremos estos cuatro versículos e indicaremos cómo son frecuentemente mal entendidos. Luego mostraremos cómo deben entenderse.
    El primer versículo que examinaremos es I Timoteo 3:15:

“Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”.

    La pregunta importante que incumbe a este versículo es si la frase “columna y baluarte de la verdad” está modificando la palabra “iglesia” o a la palabra “Dios”. Usualmente, es enseñado que esta modifica a la palabra “iglesia”. Es entendido, por lo tanto, que la iglesia local es la columna y baluarte de la verdad. Esta enseñanza puede dar a la iglesia la idea de que ella tiene gran autoridad.
    Esto sería cierto si verdaderamente la iglesia local se hubiera convertido en el fundamento de la verdad. Esta interpretación apoya y es apoyada por la comprensión corriente del segundo versículo que discutiremos, Mateo 16:19, en donde Cristo declaró a Pedro como representante de todos los apóstoles y subsecuentemente de todos los pastores, que a él le han sido dadas las llaves del reino de Dios. Mateo 16:19, declara:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

    Normalmente, las llaves que fueron dadas se entienden ser primero la llave del conocimiento (Lucas 11:52), que es la Biblia por la cual la puerta a la salvación es abierta. También está la segunda llave que es la llave de la excomunión, es decir, para cerrar la puerta que conduce al cielo. Mediante estas llaves, los que gobiernan la iglesia se supone que pueden abrir el reino de Dios a quienes creen ellos que han sido salvos, y para cerrar el reino a quienes dan clara evidencia de que no son salvos. Se entiende que la consecuencia de estas acciones de la iglesia es que Dios apoya y sanciona la acción de la iglesia. Lo que es atado o desatado en la tierra será atado o desatado en el cielo. Esta interpretación de este versículo es totalmente compatible con la comprensión de que la iglesia es la columna y el baluarte de la verdad.
    El tercer versículo que ayuda a desarrollar el concepto de que la iglesia local tiene gran autoridad espiritual es Efesios 2:20:

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.

    Este versículo es normalmente entendido que significa que los gobernadores de las iglesias, comenzando con los apóstoles y profetas, son el fundamento espiritual de la iglesia local. Este versículo, por lo tanto, también parece estar en total acuerdo con el concepto previo de que la iglesia es columna y baluarte de la verdad y que a los gobernadores de la iglesia les han sido dadas las llaves del reino de manera tal que ellos abren o cierran la puerta al reino de Dios y la iglesia local está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas.
    El cuarto versículo que es importante en este asunto de la autoridad de la iglesia es Mateo 16:18, donde Jesús declaró:

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

    La interpretación normal de este versículo es que las puertas del infierno se refieren al reino de Satanás. Así, se entiende que la iglesia local nunca puede ser derrotada por la acción de Satanás. Así, sin ninguna duda, se cree que las iglesias bajo la protección de Cristo continuarán sin interrupción hasta el fin del mundo.

    Estos cuatro versículos, cuando son interpretados de la manera que acabamos de ver, dan a los pastores locales, ancianos, y diáconos una gran autoridad espiritual. Es verdad que Dios ha dado algunas reglas a seguir. Tenía que haber bautismo en agua, tenía que haber obediencia a todas las doctrinas y prácticas sostenidas por la iglesia, tenía que haber una profesión de fe. Si estas reglas eran seguidas fielmente por cualquier miembro de la iglesia, la suposición era que no podía haber duda de que el individuo estaba eternamente en el reino de Dios. Así, la iglesia local que es la representación visible y externa del reino de Dios es interpretada como siendo esencialmente idéntica a la iglesia eterna, invisible. Esto sería cierto si en realidad todos los miembros fueran verdaderamente salvos.
    Así mismo, la congregación local puede ser considerada como la novia de Cristo, en la misma medida como se cree que prácticamente todos los miembros son creyentes verdaderos. Por consiguiente, se hace muy poca o ninguna distinción entre la iglesia invisible y eterna y la iglesia externa corporal. En realidad, ambas son consideradas idénticas porque todos los miembros de la congregación local se asume que son salvos.
    Así también las Confesiones u otras doctrinas sostenidas por la iglesia deben ser consideradas por sus miembros como fieles a los deseos de Dios. Después de todo, ¿no es la iglesia la columna y baluarte de la verdad?

    Mediante esta clase de interpretación de estos versículos, a los miembros de estas iglesias se les da una enorme garantía de que están seguros y a salvo en el reino de Dios. Mientras ellos sigan fielmente las normas de la iglesia local se les asegura, de parte de los gobernantes de estas iglesias, que pertenecen a Cristo.
    Con esta interpretación de estos versículos, es totalmente comprensible que las iglesias de nuestros días rechacen con horror la idea de que la era de la iglesia ha llegado a su final y que los verdaderos creyentes deben salir de las iglesias. Para ellos esto sería equivalente a cometer suicidio espiritual. Además, ¿qué pastor está listo para renunciar a la enorme autoridad espiritual que cree que Dios le ha dado cuando sus compañeros pastores impusieron manos sobre él como señal de que fue ordenado por Dios para tener esta autoridad?

¿Es la iglesia columna y baluarte de la verdad?       

    Ahora examinaremos estos cuatro versículos para descubrir cuál es su verdadera enseñanza. El primer versículo que examinamos fue I Timoteo 3:15, el cual declara:

Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

    ¿Es la iglesia columna y baluarte de la verdad? ¿O es Dios la columna y baluarte de la verdad? Si la iglesia es la columna y baluarte de la verdad, ¿cómo es posible que una iglesia sostenga la doctrina de que Jesús murió por todos, mientras que otra iglesia enseña que Cristo murió solamente por los elegidos? ¿Cómo puede una iglesia enseñar bautismo por inmersión y otra enseña bautismo por aspersión?
    Las diferencias entre las creencias de las iglesias tienen que ver con una multitud de doctrinas. Así que, ¿cómo puede la iglesia ser el fundamento de la verdad? Solamente Dios puede ser ese fundamento. La Biblia lo dice muy claramente en I Corintios 3:11:

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

    Bajo ninguna circunstancia puede la iglesia ser baluarte y columna de la verdad. Es cierto que durante la era de la iglesia los creyentes eran piedras vivas en el templo (las iglesias). Incluso ellos serán llamados columna en el templo eterno (Apocalipsis 3:12), pero nunca pueden ser el fundamento de la verdad. Solamente Cristo, quien es Dios, puede ser el baluarte y columna de la verdad.
    Suponga que yo soy un pastor, y sospecho que una doctrina que nuestra iglesia o denominación sostiene no es totalmente fiel a la Biblia. Los teólogos de mi iglesia me aseguran que esta doctrina, de la cual yo estoy preocupado, es fiel a la Biblia. Después de todo, acaso no enseña la Biblia en I Timoteo 3:15, “que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la
verdad”. ¿Acaso Dios no enseña claramente en este versículo que la iglesia es columna y baluarte de la verdad? ¿No es eso una enseñanza suficiente de la Biblia para detener cualquier preocupación que yo tenga en cuanto a la fidelidad a la Palabra de Dios? Esta conclusión es muy ampliamente sostenida entre las iglesias. Produce la noción de que si una iglesia obra en reunión solemne en cuanto a cualquier doctrina, ellos pueden tener la seguridad de que las conclusiones de esta reunión solemne son totalmente fieles a los deseos de Dios.
    Para justificar más esta noción, el concilio en Jerusalén, registrado en Hechos 15, es ofrecido frecuentemente como un ejemplo de cómo Dios actúa recíprocamente con las reuniones eclesiásticas solemnes. Sin embargo, estos teólogos fallan en darse cuenta que el concilio registrado en Hechos fue una reunión en el tiempo cuando Dios todavía estaba escribiendo la Biblia. Para asegurarnos de que no interpretamos mal, Dios registra en Hechos 15:28:

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:

    Dios nos está instruyendo, mediante este lenguaje, que el Espíritu Santo estaba guiando a este concilio a fin de que lo que se concluyera pudiera venir a formar parte de la Palabra de Dios. Esto se debe a que Dios usó este incidente como un medio adicional para producir la Biblia. Los santos hombres en este concilio en Jerusalén hablaron según el Espíritu Santo los movía. Esto en ningún momento sugiere que, siempre que haya reunión solemne de pastores de iglesias, las conclusiones obtenidas en esa reunión sean necesariamente fieles a la Biblia. El que sean verdaderas o no debe ser probado por medio de la Biblia. El principio de Romanos 3:4, “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso”, siempre debe tenerse en mente.
    Esta interpretación errónea de I Timoteo 3:15 ha invitado a una gran cantidad de iglesias a salirse muy ingeniosamente de debajo de la autoridad de la Biblia. Ellas se han colocado a sí mismas arriba para ser la autoridad que rige sobre la Biblia.
    La iglesia corporal externa nunca puede ser el baluarte y columna de la verdad. El fundamento sobre el cual está edificada la verdad es Jesucristo. I de Corintios 3:11 declara:

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

    La columna y baluarte de la verdad no puede modificar la palabra “iglesia”. Estas palabras deben modificar la palabra “Dios”. La iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”. Cristo es la Palabra, El es la verdad. Su nombre es Verdad. ¿Cómo podría ser que hombres pecadores imperfectos, juntándose en alguna reunión eclesiástica solemne, puedan ser el fundamento de la verdad?
    Pero esta conclusión audaz ha servido a las iglesias para que muchos crean que sus profesiones de fe, las doctrinas de su iglesia en particular, son sacrosantas. De esta manera, cuando ellos predican, se sienten seguros de su fidelidad a Dios siempre que declaren fielmente lo que enseñan las doctrinas y confesiones de su iglesia. Temo que esta es la clase de pensamiento que ha fomentado una intensa falta de temor de Dios. Después de todo, mientras sigamos cuidadosamente las doctrinas que sostiene nuestra iglesia reconociendo que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad, entonces sabemos que estamos siendo fieles a todo lo que Dios desea que creamos. Desafortunada y tristemente, esta actitud debe ser considerada como arrogancia y orgullo horrible. Sin duda la ira de Dios ha venido contra las iglesias. Podríamos aun preguntarnos por qué Dios tarda tanto en traer el juicio sobre las iglesias.

Dios está probando a las iglesias

    ¿No es interesante la manera como Dios ha diseñado este versículo, I Timoteo 3:15? Recuerde que Dios es el autor de la Biblia.Los santos hombres en tiempos antiguos hablaron según el Espíritu les movía. Dios podría haber fraseado este versículo a fin de que no hubiera ninguna duda concerniente a quién o qué es la columna y baluarte de la verdad. Pero de la manera que está escrito permite una u otra posibilidad. La iglesia es la columna y baluarte de la verdad o Dios es la columna y baluarte de la verdad.
    Tenemos que recordar que Dios ha establecido constantemente programas de prueba. Adán y Eva fueron probados en el Jardín del Edén. Abram fue probado cuando se le dijo que sacrificara a su hijo Isaac. Israel fue probado cuando Moisés permaneció sobre el Monte Sinaí por cuarenta días. Jesús fue probado por cuarenta días inmediatamente después que fue bautizado. En efecto, la prueba es un aspecto importante de los tratos de Dios con la humanidad.
    Mediante este versículo, las iglesias están siendo probadas. ¿Cuál conclusión van a adoptar ellas? Si Dios es columna y baluarte de la verdad, entonces las iglesias deben de permanecer muy humildes, mirando solamente a la Biblia como la autoridad. Si la iglesia debe de interpretarse como columna
y baluarte de la verdad, entonces a la iglesia le ha sido dada una autoridad espiritual inmensa.
    Una prueba similar se presenta en la Biblia por medio de un versículo en I Pedro 5. En este capítulo, Dios da instrucción a los supervisores de la congregación. El los instruye a apacentar el rebaño, es decir, ellos tienen que enseñar cuidadosamente a la congregación las verdades de la Biblia. Dios instruye además en I Pedro 5, versículo 3:

No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

    Pero luego la Biblia declara en el versículo 4:

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

    ¿Está enseñando este versículo que quienes alimentan el rebaño recibirán una corona especial como premio glorioso por su trabajo de apacentar a la congregación? Parecería que esta pudiera ser la situación. En ninguna otra parte de la Biblia habla Dios de alguien recibiendo una corona de gloria. A todos los creyentes les es dada una corona de justicia (II Timoteo 4:8) y una corona de vida (Santiago 1:12), pero este pasaje está hablando particularmente de los ancianos, aquellos que tienen la supervisión espiritual de la congregación. ¿No concuerda esto con la declaración de I Timoteo 5:17, donde leemos:

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. ?

    Efectivamente, parecería como si los pastores tienen una relación especial con Dios. Cuando estos versículos se unen con Efesios 2:20, por ejemplo, que parece enseñar que el fundamento de la casa de Dios son los apóstoles y profetas, es muy fácil llegar a la conclusión de que los pastores tienen una gran autoridad espiritual, aun cuando quienes contienden que la iglesia es baluarte y columna de la verdad han tomado sobre sí una gran autoridad espiritual.
    Además, esto hace emocionante y maravilloso el oficio de pastor. A través de toda la eternidad futura, ellos, y solamente ellos, tendrán la corona de gloria especial.

    Pero existe otro lado de esta prueba. ¿Las conclusiones anteriormente mencionadas concuerdan con el contexto inmediato en el cual se encuentra esta declaración de la corona de gloria? ¿Acaso el versículo previo no enseña que estos pastores tienen que ser ejemplos? ¿Y que no es Jesucristo mismo el ejemplo supremo y más digno de confianza que tenemos que seguir? ¿Que no dice en Mateo 11:29 esto?:

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

    ¿Acaso no fue Moisés un gran símbolo de Cristo y acaso no leemos de él en Números 12:3 lo siguiente?:

Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.

    ¿Cómo se correlacionan estas declaraciones con la idea de una gloria especial al pastor? Verdaderamente él debe honrarse, es decir, debe ser respetado como un siervo de Dios, pero esto en ningún sentido le da a él especial autoridad espiritual. La única autoridad espiritual es la Biblia.
    Además, la Biblia muy elegantemente pone a descansar cualquier idea grandiosa de una gloria especial que espera a los pastores en la eternidad futura. En Lucas 17:10, Dios sienta este principio:

Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

    Como si eso fuera poco, en Lucas 18:28-30, Dios se asegura de que entendamos que todas las bendiciones futuras están comprendidas en el hecho de que se nos ha dado vida eterna. Leemos en este pasaje:

Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

    Cuán interesante y significativo que sea el apóstol Pedro quien se preocupa de este tema. Si alguno de los apóstoles fuera seleccionado para un reconocimiento especial, sería Pedro. Por tanto, podemos tener la certeza de que el principio que Dios está declarando en estos versículos se aplica a todo creyente, sin importar cuál pueda ser su tarea.
    ¿Y cuál es el principio que Dios establece? En esta vida recibiremos muchas bendiciones al servirle en el reino de Dios, pero en la eternidad futura, recibiremos la vida eterna.
    Pero la vida eterna es dada por la gracia de Dios a todos y cada uno de los creyentes. Toda bendición de la salvación está incluida en el regalo de la vida eterna. Por consiguiente, la corona de gloria está incluida en el regalo de vida eterna. De esta manera, podemos estar seguros de que a todo creyente verdadero se le es dada una corona de gloria.
    Por tanto, si un pastor llega a la conclusión con base en I Pedro 5:4 de que él tiene alguna autoridad espiritual, ha fallado la prueba. Ha fallado la prueba al igual que aquellos que creen que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad han fallado la prueba.
    Esto nos lleva al segundo pasaje que es Efesios 2:20, 21:

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.

    Los apóstoles y profetas no pueden ser el fundamento del templo santo. El fundamento de los apóstoles y profetas es la Palabra de Dios, siendo Jesucristo la principal piedra del ángulo. Por cierto, Jesús es la Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros. Así, Cristo es el fundamento tal como aprendimos de I Corintios 3:11. Podríamos parafrasear este versículo para leerlo así: “Edificados sobre la Palabra de Dios la cual es el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra del ángulo”.
    Es cierto que leemos en Apocalipsis 21:14 acerca de la santa ciudad, la nueva Jerusalén como teniendo “...Doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero”, pero debemos entender que los cimientos representan a Cristo. A través de toda la eternidad futura en los cielos nuevos y tierra nueva, la plenitud de los creyentes representada por los doce apóstoles es Su cuerpo. Ellos están para siempre identificados íntimamente con El.
    Este versículo, también, está diseñado por Dios para que sea una prueba para la iglesia. Desafortunadamente, una gran cantidad de pastores y maestros Bíblicos han fallado la prueba.

    Cómo, entonces, debemos entender Mateo 16:19, donde leemos:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

    ¿Qué son las llaves que le son dadas a la iglesia? Las llaves pueden ser solamente las Escrituras, es decir, la Biblia. Dios usa la llave que es la Biblia para abrir las puertas del infierno para libertar a los hombres de la ira de Dios. Dios usa la llave de la Biblia para abrir la puerta (Cristo) hacia el reino de Dios. Esa es la razón por la que leemos en II Corintios 2:15, 16:

Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?

    Somos esta fragancia porque nosotros, siendo cristianos verdaderos, somos custodios de las llaves, la Biblia. ¿Pero quién abre y cierra estas gigantescas puertas espirituales? Leemos en Apocalipsis 3:7:

Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

    Este versículo enseña claramente que es Cristo quien abre y cierra. Significativamente, Dios escribió Mateo 16:19 con mucho cuidado. Es desafortunado que algo de este cuidado se perdió cuando las palabras Griegas fueron traducidas. El versículo debería decir así:

...Y todo lo que atares en la tierra habrá sido atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra habrá sido desatado en los cielos.

    Mediante el uso del tiempo pasado perfecto, Dios nos está asegurando que la acción previa fue acción de Dios. El ha elegido y salvado a una persona porque la iglesia, hecha guardiana de las llaves, que es la Biblia, declaró fielmente el Evangelio.

¿El ser miembro de iglesia garantiza la salvación?

    Hay muchos pastores que toman consuelo en estas palabras de Mateo 16:19 así como en las palabras de Mateo 18:18, que dicen:

De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

    Ellos equivocadamente creen que cuando el pastor y los ancianos y diáconos determinan que una persona ha sido salva, está garantizado que la persona verdaderamente ha sido salva. Fallan en darse cuenta que los tiempos de los verbos en este versículo, como sucedió con los verbos de Mateo 16:19, que describen la salvación, están en el tiempo pasado perfecto. ...Y todo lo que atares en la tierra habrá sido atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra habrá sido desatado en los cielos.
    La acción de salvar es acción de Dios. La iglesia externa funcionó como sierva de Dios para enviar el Evangelio. Funcionó como sierva de Dios para dar la bienvenida a aquellos que parecían haber sido salvos dentro de la congregación. Funcionó como sierva de Dios para enseñar y guiar, mediante la Biblia, a aquellos que parecían haber sido salvos.

    Pero ningún pastor, ni ninguna iglesia, pueden hacer que alguien que está siendo ministrado dentro de la congregación sea salvo. Ningún humano tiene siquiera idea de quién es un elegido de Dios. Eso es completamente trabajo de Dios. Por tanto, lo mejor que pueden hacer los líderes de iglesia es asumir que algunos dentro de la congregación pueden haber llegado a ser salvos. Por otro lado, habrá aquellos que parecen haber sido salvos pero en realidad, no lo son.
    Por consiguiente, la predicación a la congregación y la guía de la congregación durante la era de la iglesia siempre tuvo que incluir advertencias concernientes al juicio de Dios sobre los no salvos así como la advertencia a toda la congregación de asegurarse de su salvación. Esto es así, como amonesta II Corintios 13:5:

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

    Aquellos que escudriñan sus propios corazones y saben que son salvos pueden saber que forman parte de la novia de Cristo, la iglesia eterna indivisible sobre la cual las puertas del infierno no pueden prevalecer porque Cristo ha pagado por todos sus pecados.
    Por otra parte, podemos saber que la iglesia corporal externa conocida como congregaciones o denominaciones no tienen la certeza de que están a salvo de la ira de Dios.
    Ya que los verdaderos creyentes dentro de una congregación no pueden quedar bajo la ira de Dios, esta advertencia fué dirigida particularmente contra el cuerpo externo, que consiste en la totalidad de iglesias y congregaciones que existen hoy. Así como las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 fueron juzgadas y fueron totalmente eliminadas, de la misma manera cualquiera y cada una de las congregaciones pueden quedar bajo el juicio de Dios. Debido a que nunca ha habido una iglesia perfecta en ningún tiempo de la historia del mundo, es un testimonio de la paciencia y misericordia de Dios que las congregaciones y denominaciones continuaron floreciendo en la era del Nuevo Testamento. A pesar de sus fallas y defectos, Dios ha usado a las iglesias durante los últimos 1950 años o más, para llevar el Evangelio al mundo. Estas iglesias de muchas diferentes denominaciones han sido el vehículo, el instrumento por medio del cual el Evangelio de salvación ha llegado virtualmente a todos los países del mundo.
    Esto nos ayuda a entender Juan 20:22, 23, que declara:

Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.

    Sabemos, desde luego, que solamente Dios puede perdonar pecados (Marcos 2:7). Por tanto, debemos entender que este versículo está enseñando que es Dios quien lleva a cabo el perdón. La iglesia reconoce el perdón de la persona (la salvación) por medio de darle la bienvenida a ésta dentro de la congregación como persona salva.
    Bajo ninguna circunstancia la iglesia puede creer que, aquellos que siguen las reglas de la iglesia y se hacen miembros, son definitivamente quienes fueron elegidos para salvación. Solamente Dios puede saber quiénes son los elegidos. Debemos considerar, por ejemplo, a la nación de Israel del Antiguo Testamento, la cual fue la iglesia (Hechos 7:38) hasta que llegó la estación de la iglesia del Nuevo Testamento. Leemos de ellos en Hebreos 3:17-19:

¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

    Una vez más, en Romanos 9:31, 32, Dios hace referencia a ellos:

Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.

    Ciertamente, estos versículos nos dicen que una iglesia puede ser usada por Dios para el adelanto de Su reino y no obstante tener muy pocos verdaderos creyentes dentro de ella. Tenemos también la información acerca de la iglesia de Sardis (Apocalipsis 3:6). Ya se había convertido en iglesia muerta (versículo 1) aunque todavía tenía unos cuantos nombres (versículo 4) de creyentes verdaderos.
    Al ir examinando estos tres versículos más cuidadosamente, no hemos encontrado ninguna indicación de que el pastor y los gobernantes de la iglesia tengan gran autoridad espiritual. Ni tampoco hallamos que pueda confiarse necesariamente en las doctrinas de la iglesia como siendo verdaderas y dignas de confianza. Los ancianos son los supervisores que cuidaron de la iglesia. Ellos gobernaron sobre la iglesia para asegurarse de que el Evangelio predicado fuera tan exacto como fuera posible. Ellos tenían que asegurarse de que los ancianos y diáconos llenaran los requisitos establecidos en I Timoteo 3. Pero la única autoridad que salva a la gente es Dios mismo. Dios es el único que conoce quiénes son los elegidos. Dios es quien decide cuándo El aplicará Su Palabra a la vida del individuo que El planea salvar. Los ancianos entonces tenían que darle la bienvenida a esa persona dentro de la membresía de la iglesia.

Contínuamente en oración y ministrando La Palabra

    La verdad es que hay una declaración reveladora en Hechos 6:4:

Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.

    La ocasión de la misma es la elección en la iglesia primitiva de siete hombres para aliviar la carga de los apóstoles. En este versículo, Dios describe cómo las cabezas espirituales de la iglesia deberían de funcionar. Ellos deben ministrar la Palabra, es decir, debían enseñar y predicar la Biblia. Para hacer esto adecuadamente, tenían que estudiar la Palabra para asegurarse de que estaban enseñando y predicando lo que Dios declara y no las ideas que vinieran de las mentes de los hombres. Ellos tenían que predicar fielmente todo el consejo de Dios a fin de que los no salvos oyeran de su necesidad de salvación y que los verdaderos creyentes pudieran aprender más y más del reino de Dios, para que a través de la Palabra de Dios, crecieran en gracia.
    Pero, en segundo lugar, ellos tenían que entregarse contínuamente a la oración. ¿Por qué se enfatiza esto? ¿Qué es la oración? La oración es comunicarse con Dios. ¿Por qué los pastores espirituales de la iglesia deben contínuamente comunicarse con Dios?
    Es fácil comprender esto si caminamos muy humildemente delante de Dios. Reconoceremos que en nosotros mismos no tenemos entendimiento, ni fortaleza espiritual, ni sabiduría. Sabemos que por nosotros mismos nunca entenderemos la Biblia. El Espíritu Santo de Dios debe abrir nuestros ojos. Sabemos que no podemos hacer que alguien sea salvo. Pero podemos implorar a Dios su misericordia a favor de aquellos a quienes estamos ministrando la Palabra. Tenemos que orar para que nuestra vida sea un ejemplo fiel a la congregación. Debemos de orar continuamente, porque somos enteramente dependientes de la obra de Dios en nosotros, para el querer y el hacer por Su buena voluntad en todo aspecto de nuestras vidas, y esto es particularmente cierto cuando pastoreamos a la congregación.

    En otras palabras, los gobernantes espirituales en la congregación tenían que ser totalmente dependientes de Dios. Ellos siempre deben recordar que son simplemente humildes siervos de Dios a quienes se les ha dado la tarea de apacentar al rebaño. No hay lugar en su vida para el orgullo o la idea de que ellos tienen una gran autoridad espiritual. Tampoco existe base Bíblica para creer que las Confesiones u otras doctrinas sostenidas por una iglesia son necesariamente agradables a Dios.
    La Biblia sola y en su totalidad es la única autoridad que rige como verdad. Es decir, toda doctrina sostenida por una iglesia debe siempre estar
sujeta a la autoridad de la Biblia. En efecto, en I Pedro 5:2,3, Dios amonesta a los gobernadores espirituales de la iglesia:

Apacentad la grey de Dios, que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

    El pastor y los ancianos, como humildes ejemplos a la congregación, deberían de haber sido los primeros en salir de la congregación local. Como gobernadores espirituales ellos son los supervisores que cuidan tiernamente al rebaño. Como acabamos de leer, ellos no son “señores” de la congregación.

Fieles a La Palabra

    Realmente, el problema es mucho más grande y más serio que lo que hemos estado describiendo. Pensemos una vez más en qué consistía la tarea del pastor. El ha sido llamado por Dios para enseñar fielmente lo que la Biblia enseña. Cuando él dice a su congregación, “así dice el Señor”, será mejor que esté enseñando exactamente lo que la Biblia enseña. Si enseña equivocadamente, él no puede echar la culpa a su Seminario o a sus compañeros pastores o a los ancianos. El ha sido llamado para ser un fiel pastor del rebaño, que es la congregación sobre la que él tiene la vigilancia espiritual.
    Por consiguiente, él debe comprobar todo lo que enseña para estar seguro que armoniza totalmente con la Biblia. Si él está confiando en ciertas doctrinas porque eso es lo que la confesión enseña o porque eso es lo que nosotros los Bautistas, o nosotros los Luteranos, o nosotros los Metodistas creemos, entonces él está confiando en los hombres y no en Dios. El debe comprobar personalmente cada doctrina que enseña para que pueda mostrar en base a la Palabra de Dios que lo que está enseñando es verdadero. A menos que se haga esto, simplemente significará que él está adorando a los hombres que diseñaron estas doctrinas.
    Por ejemplo, la Biblia dice que la fe es obra (I Tesalonicenses 1:3, II Tesalonicenses 1:11). También declara que nuestra salvación no es por nuestra obra (Efesios 2:8-9). Si un pastor enseña lo que enseñan los teólogos que escribieron la confesión, es decir, que la fe es un instrumento por medio de la cual Dios obra para salvarnos, el pastor está predicando un evangelio
hecho por los hombres. Otro ejemplo es que la Biblia declara que lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Mateo 19:6), y que “...la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido” (Romanos 7:2, I Corintios 7:39). Si la iglesia permite la enseñanza de que puede haber divorcio a causa de fornicación, entonces ha establecido su propia ley. Está enseñando las leyes de los hombres y no la ley de Dios. Además, la Biblia declara que quien se case con la repudiada de su marido, comete adulterio (Lucas16:18, Romanos 7:3, etc.). Si una iglesia o un pastor enseña otra cosa diferente a esto, se está ofreciendo una enseñanza que sale de la mente del hombre y no de Dios.
    Muchísimas doctrinas enseñadas por los pastores pueden ser agregadas a esta breve lista. La conclusión triste y espantosa a la que debemos llegar es que existe poca o ninguna evidencia de que muchos de estos pastores tengan algún temor de Dios. Ellos no tiemblan a Su Palabra. No hay duda, entonces, que la ira de Dios está sobre ellos y sobre su iglesia como lo advierte en Jeremías 1:16:

Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron.

    La Biblia sola y en su totalidad debe ser considerada siempre la divina autoridad. Ninguna iglesia local puede de ninguna manera reclamar esa autoridad.

Salvación sólo por gracia

    Nuestra comprensión de la naturaleza de la salvación sigue en importancia a nuestra comprensión de la autoridad de la Biblia. Es un asunto que fluye de las enseñanzas de la Biblia.
    La Biblia insiste en que nuestra salvación es por la gracia de Dios sola. Bajo ninguna circunstancia alguna obra de nuestra parte se estima como la más mínima ayuda para nuestra salvación. Desafortunadamente, mientras que en la mayoría de iglesias fieles se habla del labio para afuera del concepto de la gracia sola, en la realidad, no se cree ni se enseña la misma. La prueba de que no se cree se ve en acciones y doctrinas tales como las siguientes:

    1.    La fe es un instrumento por medio de la cual Dios obra su plan de salvación.

    2.    El bautismo en agua es un acto necesario antes de que seamos salvos.

    3.    Debemos aceptar a Cristo y solamente entonces seremos salvos.

    4.    La expiación de Cristo ha hecho provisión para los pecados de todos los individuos del mundo entero.

    5.    Debemos creer en Cristo antes que podamos llegar a ser salvos.

    6.    Debemos arrepentirnos de nuestros pecados antes que podamos llegar a ser salvos.

    7.    Podemos llegar a ser salvos solamente si formamos parte de una iglesia o congregación.

    8.    Debemos hacer profesión pública de nuestra fe antes de llegar a ser salvos.

    9.    Podemos orar ciertas oraciones y así llegar a ser salvos.

  10.    Si ya no asistimos más a una iglesia, esto indica que nunca fuimos salvos.

    Algunas de estas ideas equivocadas están presentes en prácticamente todas las iglesias y congregaciones. Quizás no nos damos cuenta, pero todas y cada una de estas ideas convierten la salvación en condicional, es decir, solamente podemos llegar a ser salvos si hacemos algo.

¿Necesita la iglesia al Señor Jesucristo?

    Anteriormente en nuestro estudio aprendimos que el libro de Jeremías tiene como enfoque primario el fin de la era de la iglesia. Esto significa que sus advertencias y juicios están siendo dirigidas a las iglesias de nuestro día. Así, en Jeremías 2:6, leemos:

Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto...

    En Jeremías 2:8 leemos:

Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.

    La clara implicación de estas declaraciones es que aquellos que tienen la vigilancia espiritual en las iglesias no necesitan a Dios para llevar adelante el plan de Dios para salvación. Es cierto que ellos del labio hacia afuera dan la idea de que necesitan a Dios, pero en realidad, todo lo que es necesario para  llevar adelante el plan de Dios para salvación está bajo el control de la iglesia. En la iglesia todas las actividades necesarias se están haciendo para garantizar la salvación de los no salvos. Todo lo que es desatado por la actividad de la iglesia será desatado en los cielos. Y todo lo que es atado o excomulgado por la iglesia ha sido excomulgado por el edicto de la iglesia. Aquellos que han hecho confesión de fe son naturalmente cristianos.
    Dicho en otras palabras, la iglesia no necesita a Dios para que la gente se salve. De acuerdo a su interpretación incorrecta de la Biblia, ellos tienen en su lugar todas las decisiones y acciones que se requieren para cualquiera que desee llegar a ser salvo.

Antes de que seamos salvos estamos muertos espiritualmente

    Ellos creen porfiadamente que cuando Dios nos manda a creer, a arrepentirnos, a buscarle, a invocarle, etcétera, nosotros debemos y podemos hacer tales cosas. Pero fallan en darse cuenta de que estamos muertos espiritualmente. Por naturaleza, nosotros nunca buscaremos a Dios, es decir, buscarlo como El lo manda. No se dan cuenta que nadie puede acercarse a Dios si Dios no lo atrae. No se dan cuenta de que estamos tan muertos espiritualmente como Lázaro de Juan 11 estaba muerto físicamente. No se dan cuenta de que al igual que Cristo llamó al físicamente muerto Lázaro a venir fuera, El nos manda a nosotros, que estamos espiritualmente muertos, a creer, a arrepentirnos, etcétera. Lázaro obedeció la orden de venir fuera, y él salió de la tumba. El lo pudo hacer así solamente porque Cristo le dió vida física y oídos para oír. Igualmente, antes que cualquier persona espiritualmente muerta pueda obedecer la orden de Dios de creer, Dios debe salvar a esa persona espiritualmente muerta, darle oídos para oír y un alma nueva resucitada, para que obedezca.
    Estos dos temas enormes, la autoridad de la Biblia y la naturaleza de la salvación, son mucho más importantes que la enseñanza Bíblica de que hemos llegado al final de la era de la iglesia.
    Espero que el lector esté comenzando a ver la extrema seriedad de estas declaraciones. Estas declaraciones no han sido hechas motivadas por una cruzada o venganza contra la iglesia. Son hechas como verdades solemnes estableciendo un análisis realista de la condición que existe en las iglesias de nuestros días.
    Y esto nos lleva al cuarto versículo. En Mateo 16:18, Jesús declaró:

...Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

    ¿Se identifican las puertas del Hades con Satanás? Ciertamente Satanás va a pasar toda la eternidad en el infierno, pero, ¿controla él quiénes van a entrar por las puertas del infierno? Esto debe ser obvio. Solamente Dios es el juez de la tierra. Solamente Dios está a cargo de quién va a entrar por las puertas del infierno. Lo triste es que las puertas del infierno van a prevalecer contra todos aquellos que permanezcan sin salvación. El infierno reclamará a toda persona no salva porque el salario del pecado debe ser pagado.
    Pero existen aquellos a quienes el infierno no puede poseer. Son aquellos que han llegado a ser salvos. Las puertas del infierno no pueden prevalecer contra ellos. Ellos han llegado a ser miembros eternos del cuerpo invisible de creyentes que son la iglesia eterna de Dios. La iglesia corporal externa puede tener unos pocos miembros de la iglesia eterna (como la iglesia de Sardis) o puede tener un porcentaje considerable de tales miembros. Sólo Dios sabe quiénes son los verdaderos creyentes en una congregación.

Las puertas del infierno prevalecerán contra los no salvos en la congregación

    Este versículo no puede estar enseñando que las iglesias locales continuarán como la casa de Dios sin interrupción hasta el final del mundo. Así como las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 llegaron a su fin, igualmente una o todas las iglesias pueden llegar a su fin. Es cierto que ellas todavía estarán aquí físicamente sin interrupción hasta el fin, al igual que las sinagogas, las cuales eran parte de una estación más temprana del programa divino del Evangelio, todavía están aquí. Pero a medida que nos acercamos al fin, ni las sinagogas, ni las iglesias, tienen parte en el programa divino del Evangelio . Debe entenderse claramente que sobre esta tierra hay dos iglesias. La que es llamada la Jerusalén de arriba (Gálatas 4:26), consiste de aquellos que han sido verdaderamente salvos. Las personas que son parte de esta iglesia pueden ser solamente una pequeña parte de los miembros de una congregación local. Las puertas del infierno no pueden prevalecer contra estos individuos.
    También existe la Jerusalén que es ahora (Gálatas 4:25). Son todos los miembros de la congregación local que no son salvos. Las puertas del infierno prevalecerán contra ellos.
    En Mateo 16:18, Dios dió esta promesa maravillosa:

...Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

    Como hemos visto, en las mentes de muchas personas, la iglesia contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán es considerada ser la iglesia corporal externa conocida con nombres tales como la Primera Iglesia Metodista, la Iglesia Luterana El Redentor, o Segunda Iglesia Reformada.

    Es verdad que estos cuerpos externos corporales (que incluyen a todas las congregaciones y denominaciones que creen que la Biblia es la Palabra de Dios), son organismos santos establecidos más o menos de acuerdo a las reglas Bíblicas. Por ejemplo, en I Timoteo 3 Dios da reglas muy cuidadosas para la selección de ancianos y diáconos. Pero estas iglesias y denominaciones no tienen garantía del lapso de tiempo de existencia. Por ejemplo, en Apocalipsis 2 y Apocalipsis 3, Dios habla de siete iglesias que estaban en existencia en el tiempo cuando la Biblia estaba siendo terminada. Sin embargo, unos cuantos años más tarde, todas estas iglesias habían desaparecido. En efecto, después por muchos centenares de años, no hubo testimonio Cristiano de ninguna clase en las ciudades en las cuales estas iglesias estuvieron localizadas. De esta manera podemos estar seguros de que la iglesia que Cristo tiene en mente en Mateo 16 no es la iglesia corporal externa que consiste de congregaciones locales que pueden encontrarse a través de todo el mundo.
    ¿Qué iglesia entonces es la que Jesús tuvo en mente cuando dijo: las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.? Como hemos visto, la solución es que existe una iglesia eterna que está formada por todos aquellos individuos que personalmente han llegado a ser salvos. A ellos les fue dada vida eterna porque Jesús como Salvador ha pagad,/lo por todos y cada uno de sus pecados. Por tanto, para siempre, perpetuamente, ellos han venido a estar salvos y seguros; Mateo 16 muy definitivamente tiene en mente a esta iglesia espiritual. Esta nunca puede quedar bajo la ira de Dios lo cual es la esencia del infierno. Las puertas del infierno jamás pueden hacer un reclamo sobre aquellos que son verdaderamente salvos.
    Hay una iglesia corporal externa que consiste de todas las iglesias y congregaciones tal como se encuentran sobre la faz de la tierra. También hay una iglesia eterna invisible que está formada por todos los verdaderos creyentes que durante la era de la iglesia normalmente se encontraban en las iglesias corporales externas. Pero cuando Cristo dice: “...Edificaré mi
iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”, El no está hablando de las iglesias corporales externas. Lo mismo es cierto cuando El se refiere a la iglesia como la novia del Cordero. Sólo la iglesia invisible eterna es la novia de Cristo.
    Cuando El habla de la iglesia como Su cuerpo, solamente puede estarse refiriendo a la iglesia eterna invisible. Cuando habla de la iglesia en Efesios 3:10 como la evidencia de la multiforme sabiduría de Dios, solo puede referirse a la iglesia eterna invisible. Cuando El declara en Colosenses 1:18 que El es la cabeza de la iglesia, una vez más, sólo puede estarse refiriendo a la iglesia invisible y eterna.

¿Es la congregación local la novia de Cristo?

    Desafortunadamente, en muchísimas iglesias, no se hace distinción entre la iglesia corporal externa, por un lado, la cual consiste de varias congregaciones locales, y por otro, la iglesia invisible y eterna. El hecho es que, en muchas iglesias, se asume que quienes han hecho profesión de fe, que han sido bautizados en agua, que se han hecho miembros de la iglesia, y que participan regularmente de la Cena del Señor, son verdaderamente salvos. Por lo tanto, la idea existe de que la congregación completa es salva.
    Por tanto, efectivamente, se cree que la congregacion misma es el cuerpo de Cristo, la novia de Cristo. La congregación es considerada entonces como la iglesia invisible y eterna.
    Pero esta manera de pensar no tiene justificación Bíblica. Ninguna de las acciones arriba mencionadas, que hayan sido llevadas a cabo por cada miembro de iglesia, inicia o prueba la salvación. Una persona puede hacer todas estas cosas y aún seguir sin salvación como lo está el individuo más perverso del mundo.
    La salvación es 100% acción de Dios, por la cual hace al individuo una nueva creación. El le da al salvo un alma nueva resucitada en la cual ya nunca desea pecar otra vez. Y solamente Dios conoce a aquellos a quienes El ha salvado. Verdaderamente, quien ha sido salvo sabrá que es salvo. I Juan 2:3 nos asegura lo siguiente:

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos

    Por tanto, quien ha sido verdaderamente salvo estará profundamente preocupado de que todas las doctrinas que sostiene sean fieles a la Biblia. El se dará cuenta de que las doctrinas y las confesiones de la iglesia nunca pueden ser consideradas como la verdad última. En efecto, quizás sin darse cuenta, él tendrá la misma opinión del escritor del Artículo VII de la Confesión de Bélgica, que coloca a esa Confesión y las doctrinas de la iglesia precisamente donde deben de estar. Este artículo dice lo siguiente:

Artículo VII

La Suficiencia de las Santas Escrituras, para ser la Unica Norma de Fe.

Creemos que aquellas Santas Escrituras contienen totalmente la voluntad de Dios, y que cualquier cosa que el hombre debe creer para salvación está suficientemente enseñada en ellas. Puesto que la manera completa de adoración que Dios requiere de nosotros está escrita en ellas ampliamente, es ilegítimo para cualquiera, aunque sea un apóstol, enseñar de otra manera a la que somos ahora enseñados en las Sagradas Escrituras; no, ni aunque fuera un ángel del cielo, como dice el apóstol Pablo. Puesto que está prohibido agregar o quitar cualquier cosa de la Palabra de Dios, parece por tanto ser evidente que la doctrina en ella es lo más perfecta y completa en todos sus respectos.
Tampoco podemos considerar ningún escrito de hombres, por santos que esos hombres puedan haber sido, como de igual valor a estas divinas Escrituras, ni tampoco debemos considerar costumbres, o la gran multitud, o la antigüedad, o la sucesión de los tiempos y personas, o concilios, decretos o estatutos, como de igual valor con las verdades de Dios, ya que la verdad es sobre todas las cosas; porque todos los hombres de sí mismos son mentirosos, y más vanos que la vanidad misma. Por tanto, rechazamos con todo nuestro corazón cualquier cosa que no concuerde con esta regla infalible, como los apóstoles nos han enseñado, diciendo, Probad los espíritus si son de Dios. Así mismo: Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa.

    Desafortunadamente, si bien es cierto que esta excelente declaración del Artículo VII continúa existiendo en la Confesión de Bélgica de nuestros días, difícilmente existe una persona en lugar alguno que esté poniendo atención a este Artículo. De haberse tomado en serio, esto hubiera significado que las iglesias que usaron la Confesión de Bélgica hubieran estado examinando constantemente esta Confesión para asegurarse que en todas sus partes era tan Bíblica como fuera posible. Si hubieran hecho esto, ellos hubieran descubierto muchas declaraciones en la Confesión de Bélgica que ni con mucho son tan Bíblicas como deberían de ser.

    Por ejemplo, el Artículo XXIV de esta Confesión declara:

Creemos que esta fe verdadera, siendo forjada en el hombre por medio del oír de la Palabra de Dios, y la operación del Espíritu Santo, lo regenera y lo hace un nuevo hombre.

    Esta declaración hace mucho tiempo debería haber sido corregida. La Biblia enseña que esa fe es una obra. Por consiguiente, esta declaración realmente está enseñando que existe una obra (la fe) que hacemos la cual nos regenera. La verdad es que la fe que Dios le da al creyente es siempre un resultado o producto de la salvación. La fe es una buena obra como todas las buenas obras que llegan a ser evidentes en la vida de quien viene a ser salvo.
    A través de los años que siguieron a la adopción de varias Confesiones, tal como la Confesión de Bélgica, el Catecismo de Heidelberg, los Cánones de Dort, la Confesión de Westminster, la Confesión Bautista, la Confesión de Augsburg, las iglesias debían de haber continuado revisando las Confesiones por medio de la Palabra de Dios y efectuar las correcciones necesarias. Verdaderamente, estas Confesiones jamás podrían haber llegado a ser una presentación perfecta de la verdad porque no fueron divinamente inspiradas. Pero ellas podrían haber llegado a ser más claras en cuanto a que la autoridad final es la Biblia solamente y en su totalidad.
    En lugar de eso, sin embargo, las iglesias aceptaron estas Confesiones cuando primeramente fueron adoptadas por las iglesias. Ellas fueron vistas como la declaración final autoritaria concerniente a la verdad Bíblica. Y al pasar de los años, llegaron a ser veneradas como la verdad, dándole crédito su antigüedad a este concepto. Así, las enseñanzas incorrectas en estas Confesiones se convirtieron en lugares altos. En realidad eran mentiras en el sentido de que reclamaban que Dios había dicho estas cosas cuando Dios no las había dicho.
    Si somos realmente salvos, nos daremos cuenta que la fuente última de la verdad solamente puede ser la Biblia. Comenzaremos a darnos cuenta que las enseñanzas de la iglesia tales como las Confesiones pueden servir como guías pero jamás pueden ser consideradas como la autoridad final. Desafortunadamente, en las iglesias de nuestros días, pocos miembros de iglesia ven que existe diferencia entre lo que la iglesia enseña, cuando esta procura permanecer fiel a las Confesiones, y lo que la Biblia enseña.
    Por consiguiente, esa es la razón por qué debemos reconocer claramente que existe una gran diferencia entre la iglesia corporal externa y la iglesia eterna e invisible. Esta gran diferencia existe aunque durante la era de la
iglesia, los miembros de la iglesia eterna e invisible adoraron bajo el techo de la iglesia externa y visible dentro de la cual podían haberse encontrado muchos defectos.

    Realmente, a veces, quizás solamente un pequeño remanente de una congregación formaba parte de la iglesia eterna e invisible. Ciertamente, en cualquier momento durante la era de la iglesia, era presuntuoso para un pastor el asumir que prácticamente todos los miembros de su iglesia formaban parte de la iglesia invisible y eterna.
    Hemos aprendido que una gran cantidad de iglesias del Nuevo Testamento han caído en la trampa del orgullo. Ellos inconscientemente han desarrollado la idea de que prácticamente tienen tanta autoridad como Dios mismo.

Tú eres hombre, y no Dios

    Ahora entendemos una buena razón de por qué Dios ha escrito Ezequiel 28. Allí Dios habla de Tiro, la ciudad mercantil, la cual envió los barcos de Tarsis. Un estudio cuidadoso de este capítulo mostraría que Tiro representa a las iglesias llevando el Evangelio al mundo. Por estos medios, el oro y la plata y otras mercancías valiosas que representan a los verdaderos creyentes son traídas dentro el reino de Dios.
    El príncipe de Tiro representa a los pastores, los ancianos, y a los diáconos a quienes les ha sido dado el gobierno espiritual de la congregación. Dios advierte a estos gobernantes en el versículo 2:

Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios.

    Este versículo da en la cabeza del clavo. Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Cuando una iglesia comienza a pensar y a actuar como si virtualmente tiene la misma autoridad que Dios, algo va a suceder. Dios es longánime. El dejó pasar los lugares altos durante mucho tiempo. Pero finalmente El lleva el orgullo a su fin. Al presente estamos viviendo en el tiempo cuando el juicio de Dios ha caído sobre las iglesias. Los gobernantes de las iglesias no son Dios, ¡son hombres!
    Ezequiel 28:6-10, registra:

Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y mancharán tu esplendor. Al sepulcro te harán descender, y morirás con la muerte de los que mueren en medio de los mares. ¿Hablarás delante del que te mate, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador. De muerte de incircuncisos morirás por mano de extranjeros; porque yo he hablado, dice Jehová el Señor.

En conclusión

    Hemos aprendido que los cuatro versículos que hemos estado considerando frecuentemente se interpretan como si enseñasen que la iglesia corporal, externa, formada de iglesias locales, es el fundamento de la verdad. Los gobernantes espirituales son su fundamento. Ellos actúan para salvar a la gente y Dios aprueba sus acciones. Así, ellos no necesitan pasar mucho tiempo diferenciando entre la iglesia eterna y la iglesia externa. Ellos están convencidos de que esencialmente son idénticas porque creen prácticamente que todos los miembros de la iglesia son salvos. Esta clase de pensamiento fomentó la misma clase de pensamiento erróneo en el que cayó Lucifer. El quería ser como Dios (Isaías 14:13-14), cuando en realidad, él había sido creado para ser un espíritu ministrador (Hebreos 1:13, 14). Los creyentes verdaderos siempre reconocemos que somos siervos humildes de Dios. Leemos acerca de Moisés siervo de Dios (Josué 1:1) y de Josué siervo de Dios (Josué 24:29). ¿No sería posible que cada uno de nosotros humildemente fuéramos siervos de Cristo?
    Desafortunadamente, las conclusiones de este capítulo hacen verse mal a prácticamente todas las congregaciones. Por lo tanto, ofenderán en gran manera a muchos pastores y miembros de iglesia. Existen muchos miembros de iglesia que tienen total confianza en la integridad espiritual de su pastor.

    Creen que él es un pastor leal y amoroso que declara fielmente la Palabra de Dios.
    La prueba real, sin embargo, no es lo que se ve con nuestros ojos, sino lo que cualquier pastor o denominación hace con estos cuatro versículos. Si ellos creen que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad; si ellos creen que quienes hacen profesión de fe y confían en lo que su iglesia enseña como fiel a la Palabra de Dios, habitualmente deben considerarse como verdaderos creyentes, entonces esto puede ser indicación de que esos supervisores de la iglesia se han investido de gran autoridad espiritual. Ellos se habrán investido de una autoridad espiritual que va mucho más allá de lo que la Biblia enseña.
    Para probar más esta situación uno sólo tiene que examinar las enseñanzas de la denominación a la cual pertenece esta iglesia. Corrientemente, un pastor será totalmente fiel a las doctrinas sostenidas por su denominación. Si él no es fiel a estas doctrinas, pronto no podría continuar siendo pastor en esa denominación. Si la denominación enseña que las iglesias locales resistirán hasta el fin porque Satanás no puede prevalecer contra ellas, si enseña que la membresía de la iglesia local consiste en su mayoría de creyentes nacidos de nuevo, normalmente también sostendrá aquellas doctrinas como verdad. Esto será clara evidencia de que esa iglesia tiene muchos lugares altos.
    A final de cuentas, desde luego, hemos aprendido en este estudio y debemos comprender que aún si se pudiera encontrar una iglesia local donde el pastor es el supervisor amante y humilde que debe ser, aun así, el Espíritu Santo no estaría salvando gente en esa congregación. Aun si el pastor es un ejemplo sobresaliente de lo que es un fiel y humilde siervo de Cristo, orando constantemente por la misericordia de Dios sobre aquellos a quienes está ministrando la Biblia, los creyentes deben salir. Estas declaraciones son verdaderas porque la era de la iglesia, la estación de la lluvia temprana que ha traído la cosecha Pentecostal de los primeros frutos, ha terminado. El templo ha llegado a su fin, de manera tal que todas las piedras preciosas, piedras vivas dentro de ella, han sido derribadas.

  

 

 


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